domingo, 18 de julio de 2010

Cómo robar un millón y...


NICOLE: Entonces, tiene un plan, ¿verdad?
SIMON: Naturalmente. Escuche con atención: mi plan es, en la noche del robo, estar cómodamente acostado en esa cama con un buen libro.
NICOLE: ¿¡Por qué!?
SIMON: ¿Por qué? ¿Me pregunta por qué? Yo se lo pregunto a usted. ¿Por qué vamos a asaltar un museo estrechamente vigilado para robar una estatua que es suya? ¿¡Por qué!?
NICOLE: Ya se lo dije. Bueno, le dije que no podía decirle por qué.
SIMON: No me basta.
NICOLE: Tiene mucha razón, comprendo que yo en su lugar haría lo mismo. Tengo un terrible problema pero no es asunto suyo y no puedo explicárselo, lo siento. Me quitaré esta ropa.
SIMON: Oh, no, no se atreva a llorar.
NICOLE: Es que tengo una mota en el ojo.
SIMON: No tiene nada en el ojo. Está llorando, está intentando ablandarme.
NICOLE: ¡Eso no es cierto!
SIMON: No le servirá. Yo no me ablando.
NICOLE: Lo sé, y me voy.
SIMON: Dese prisa. ¡Ande, márchese! ¡Ande! Ande. Y espéreme en el museo a las cinco y media en punto. ¡Y no me pregunte por qué o le tiro el cubo a la cabeza!
NICOLE: Sí, señor. ¡Gracias, señor!

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